Sonó el despertador, 5:20 am
Jalé la cobija, me puse las chanclas, a dos pasos, el lavabo del baño me esperaba con el cepillo de dientes y el dentífrico en pasta, en lo que abría la llave del agua caliente me preparé café. Salí del baño y me rasuré los 3 pelos de la cara, después me daría cuenta de que no eran 3 sino 5.
Salí de casa a las seis con diez minutos. Me subí al pechero y eché andar por calles que una hora más tarde me sacarían a periférico. A las 7 de la mañana no había llegado ni al tercio de trayecto, decidí bajarme y correr al otro bus que igual me llevaría al metro.
A las 9:10 am había llegado al trabajo.

